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2008年11月26日 (水)

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Redondo, Augustín. “Nuevas consideraciones sobre el episodio de Andrés en el Quijote (I, 4 y I, 31).” Nueva Revista de Filología Hispánica. T. XXXVIII (1990). 857-73.

 

El conocido episodio de Andrés es muy jocoso y también irónico. Se trata de un criado castigado a azotes por su amo por su descuido o bellaquería, según dice el amo, al perder cada día una oveja de su manada. El caballero andante oye la voz que sale del bosque pidiendo socorro y llega a la escena. Don Quijote toma seriamente lo que dice este mozo mientras no presta ninguna atención a lo que dice su amo, y como un buen caballero andante, “desface los tuertos y agravios” para que se desate al niño, y su amo le pague el justo sueldo. Pero el amo de Andrés, Juan Haldudo, después de la partida de don Quijote, ata a Andrés de nuevo al árbol, y le castiga con más fuerza que antes. Y mucho después, delante de don Quijote y su compañía, reaparece Andrés, que les cuenta lo que ocurrió después de su partida, y maldice la caballería andante de manera siguiente:

 

--Por amor de Dios, señor caballero andante, que si otra vez me encontrare, aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déjeme con mi desgracia, que no será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda de vuestra merced, a quien Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros andantes han nacido en el mundo. (DQ 319)

 

En 1925, Américo Castro trató sobre este asunto como un caso de error moral. Don Quijote no hizo nada para detener la conducta del cruel labrador más que amenazarle con su lanza. Así, después de su partida, el cruel amo vuelve a castigar al niño más severamente. Según Castro:

 

El esquema es sencillo: una realidad moral y un alucinado observador; como consecuencia, una trágica catástrofe para el mozo sin ventura que, maltrecho y pobre, marcha a Sevilla, dejando corrido a Don Quijote y triste al lector. El generoso Hidalgo no ha soportado esta vez la consecuencia de su yerro; la víctima es un niño. El hecho es único en el Quijote, y deja en el ánimo infinita melancolía. (Castro 119)

 

No queda muy claro aquí cuál de estos dos ha cometido un error moral, si Juan  Haldudo, al maltratar a su criado, o don Quijote, al dejar la situación sin solución definitiva. Joaquín Casalduero señala que los sistemas de juicio entre estos dos personajes son diferentes, pues el juicio de don Quijote sólo funciona con caballeros dentro del sistema medieval. Sin embargo, Juan Haldudo no es un caballero y no tiene nada que ver con el mandamiento de éste. Pero, aquí también se repite la interpretación de que “La víctima es Andrés; quien comete la injusticia es Juan Haldudo” (Casalduero 60). Hasta aquí, con cierta compasión, el vapuleamiento de Andrés ha llamado más la atención en un sentido moral.

En 1985, Bourque y Quirk estudiaron este episodio conduciendo la atención del lector más hacia a la “bellaquería de Andrés.”

 

He conveniently omits his own faults from his story and emphasizes the wrongs done to him. And he departs, fittingly, toward Seville. In many of Cervantes' works Seville is the haven of picaros. (Bourque y Quirk 22)

 

Según ellos, Andrés omite las inconveniencias sobre la causa del castigo que recibe, que es la perdida diaria de una oveja de su manada. Castigado y despedido, herido y solo, Andrés llega al hospital, y después de curarse, toma el camino a Sevilla, el paraíso de los pícaros. La tesis de que Andrés es un pícaro es muy persuasiva a la vez que atractiva.

El artículo de Augustín Redondo, trata este mismo episodio basándose en la interpretación que acabamos de introducir. La imágen de Andrés como un pícaro, según el autor del artículo, queda más clara cuando estudiamos el contexto cultural contemporáneo del nombre del mozo. Primero Redondo llama nuestra atención sobre la iconografía bíblica de San Andrés, el hermano mayor de Pedro. Su martirio está indicado de esta manera en el Flos sanctorum. Citamos del artículo de Redondo:

 

Egeas mandó que le açotassen treynta e un hombres, uno en pos de otro y después que fuesse bien açotado, que le pusiessen en la cruz y lo atassen los pies y las manos porque fuesse atormentado para más largo espacio. Y como lo llebassen a crucificar yva con él gran multitud de gente y davan grandes vozes y dezían: “Innocente es este hombre y sin razón es dada contra él sentencia tan injusta”[...]. (Redondo 858-59)

 

El nombre de Andrés y el azote pueden asociarse en la tradición bíblica. Por otro lado, en la tradición folclórica, podemos observar la representación de Andrés como hombre taimado o ladrón. Redondo nos proporciona dos frases en este sentido. La primera trata de Pedro, pero fácilmente podría asociársela con Andrés.

 

“¿Ke hazes, Pedro? –Esckribo lo ke me deven, i borro lo ke devo” [...] “Kien deve a Pedro i paga a Andrés, ke page otra vez” (Redondo 860)

 

Estas dos son las claves para destacar la bellaquería de Andrés.

La tesis se apoya en la intratextualidad cervantina. Pues, el mismo Andrés dice que “quedé hecho un Sambartolomé desollado” (DQ 317) y en el Flos sanctorum, se relata que a San Baltoromé “se le habría azotado crudelísimamente antes de desollarlo vivo. Y luego se le habría vuelto a azotar” (Redondo 871). Los azotes siempre van con el nombre de santos.

Por otra parte, la relación entre el nombre Andrés y los ladrones se puede observar en una Novela ejemplar cervantina, “La gitanilla”, donde el protagonista, don Juan, el caballero adinerado de alto linaje, intenta convertirse en un gitano con nombre de “Andrés Caballero”. Y la asociación general de gitanos y ladrones se encuentra en la primera línea que abre esta Novela ejemplar:

 

Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones y finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo; [...] (Cervantes 31)

 

Con el análisis onomástico por Redondo, el carácter picaresco de Andrés cobra mas fuerza. Con esto resulta más clara la conciencia del autor en el cruce de dos personajes de diferentes géneros literarios: caballeresco y picaresco en el Quijote.

 

Referencias:

Bourque, Cathline E. y Quirk, Roland J. “Andrés in Don Quixote: a Cervantine Picaro.” Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society of America. Núm. 5 (1985). 19-25.

Casalduero, Joaquín. Sentido y forma del Quijote (1605-1615). Madrid: Ínsula, 1970.

Castro, Américo. El pensamiento de Cervantes. 2ª ed. Barcelona: Crítica, 1987.

Cervantes Saavedra, Miguel de. La gitanilla. El amante liberal. Ed. Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas. Madrid: Alianza, 1996.

--. Don Quijote de la Mancha. Ed. Francisco Rico. Madrid: Punto de Lectura, 2007.

Redondo, Augustín. “Nuevas consideraciones sobre el episodio de Andrés en el Quijote (I, 4 y I, 31).” Nueva Revista de Filología Hispánica. T. XXXVIII (1990). 857-73.

 

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