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Redondo,
Augustín. “Nuevas consideraciones sobre el episodio de Andrés en el Quijote (I, 4 y I, 31).” Nueva Revista de Filología Hispánica. T.
XXXVIII (1990). 857-73.
El conocido episodio de Andrés es muy
jocoso y también irónico. Se trata de un criado castigado a azotes por su amo
por su descuido o bellaquería, según dice el amo, al perder cada día una oveja
de su manada. El caballero andante oye la voz que sale del bosque pidiendo
socorro y llega a la escena. Don Quijote toma seriamente lo que dice este mozo
mientras no presta ninguna atención a lo que dice su amo, y como un buen
caballero andante, “desface los tuertos y agravios” para que se desate al niño,
y su amo le pague el justo sueldo. Pero el amo de Andrés, Juan Haldudo, después
de la partida de don Quijote, ata a Andrés de nuevo al árbol, y le castiga con
más fuerza que antes. Y mucho después, delante de don Quijote y su compañía,
reaparece Andrés, que les cuenta lo que ocurrió después de su partida, y
maldice la caballería andante de manera siguiente:
--Por amor de
Dios, señor caballero andante, que si otra vez me encontrare, aunque vea que me
hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déjeme con mi desgracia, que no
será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda de vuestra merced, a quien
Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros andantes han nacido en el mundo. (DQ 319)
En 1925, Américo Castro trató sobre este
asunto como un caso de error moral. Don Quijote no hizo nada para detener la
conducta del cruel labrador más que amenazarle con su lanza. Así, después de su
partida, el cruel amo vuelve a castigar al niño más severamente. Según Castro:
El esquema es sencillo: una realidad moral y un alucinado observador; como
consecuencia, una trágica catástrofe para el mozo sin ventura que, maltrecho y
pobre, marcha a Sevilla, dejando corrido a Don Quijote y triste al lector. El
generoso Hidalgo no ha soportado esta vez la consecuencia de su yerro; la
víctima es un niño. El hecho es único en el Quijote, y deja en el ánimo
infinita melancolía. (Castro 119)
No queda muy claro aquí cuál de estos dos
ha cometido un error moral, si Juan Haldudo, al maltratar a su criado, o don
Quijote, al dejar la situación sin solución definitiva. Joaquín Casalduero señala que los sistemas de
juicio entre estos dos personajes son diferentes, pues el juicio de don Quijote
sólo funciona con caballeros dentro del sistema medieval. Sin embargo, Juan
Haldudo no es un caballero y no tiene nada que ver con el mandamiento de éste.
Pero, aquí también se repite la interpretación de que “La víctima es Andrés;
quien comete la injusticia es Juan Haldudo” (Casalduero 60). Hasta aquí, con cierta compasión, el
vapuleamiento de Andrés ha llamado más la atención en un sentido moral.
En 1985, Bourque y Quirk estudiaron este
episodio conduciendo la atención del lector más hacia a la “bellaquería de
Andrés.”
He conveniently
omits his own faults from his story and emphasizes the wrongs done to him. And
he departs, fittingly, toward Seville. In many of Cervantes' works Seville
Según ellos, Andrés omite las
inconveniencias sobre la causa del castigo que recibe, que es la perdida diaria
de una oveja de su manada. Castigado y despedido, herido y solo, Andrés llega
al hospital, y después de curarse, toma el camino a Sevilla, el paraíso de los
pícaros. La tesis de que Andrés es un pícaro es muy persuasiva a la vez que atractiva.
El artículo de Augustín Redondo, trata
este mismo episodio basándose en la interpretación que acabamos de introducir. La
imágen de Andrés como un pícaro, según el autor del artículo, queda más clara
cuando estudiamos el contexto cultural contemporáneo del nombre del mozo.
Primero Redondo llama nuestra atención sobre la iconografía bíblica de San
Andrés, el hermano mayor de Pedro. Su martirio está indicado de esta manera en
el Flos sanctorum. Citamos del
artículo de Redondo:
Egeas mandó que le açotassen treynta e un hombres, uno en pos de otro y
después que fuesse bien açotado, que le pusiessen en la cruz y lo atassen los
pies y las manos porque fuesse atormentado para más largo espacio. Y como lo
llebassen a crucificar yva con él gran multitud de gente y davan grandes vozes
y dezían: “Innocente es este hombre y sin razón es dada contra él sentencia tan
injusta”[...]. (Redondo 858-59)
El nombre de Andrés y el azote
pueden asociarse en la tradición bíblica. Por otro lado, en la tradición folclórica,
podemos observar la representación de Andrés como hombre taimado o ladrón.
Redondo nos proporciona dos frases en este sentido. La primera trata de Pedro,
pero fácilmente podría asociársela con Andrés.
“¿Ke hazes, Pedro? –Esckribo lo ke me
deven, i borro lo ke devo” [...] “Kien deve a Pedro i paga a Andrés, ke page
otra vez” (Redondo 860)
Estas dos son las claves para
destacar la bellaquería de Andrés.
La tesis se apoya en la intratextualidad
cervantina. Pues, el mismo Andrés dice que “quedé hecho un Sambartolomé
desollado” (DQ 317) y en el Flos sanctorum, se relata que a San
Baltoromé “se le habría azotado crudelísimamente antes de desollarlo vivo. Y
luego se le habría vuelto a azotar” (Redondo 871). Los azotes siempre van con
el nombre de santos.
Por otra parte, la relación entre el
nombre Andrés y los ladrones se puede observar en una Novela ejemplar cervantina, “La gitanilla”, donde el protagonista,
don Juan, el caballero adinerado de alto linaje, intenta convertirse en un
gitano con nombre de “Andrés Caballero”. Y la asociación general de gitanos y
ladrones se encuentra en la primera línea que abre esta Novela ejemplar:
Parece que los gitanos y gitanas solamente
nacieron en el mundo para ser ladrones: nacen de padres ladrones, críanse con
ladrones, estudian para ladrones y finalmente, salen con ser ladrones
corrientes y molientes a todo ruedo; [...] (Cervantes 31)
Con el análisis onomástico por Redondo, el
carácter picaresco de Andrés cobra mas fuerza. Con esto resulta más clara la
conciencia del autor en el cruce de dos personajes de diferentes géneros
literarios: caballeresco y picaresco en el Quijote.
Referencias:
Bourque, Cathline E. y Quirk, Roland J. “Andrés in Don Quixote: a Cervantine Picaro.” Cervantes: Bulletin of the Cervantes Society
of America.
Núm. 5 (1985). 19-25.
Casalduero, Joaquín. Sentido y forma del Quijote (1605-1615). Madrid: Ínsula, 1970.
Castro, Américo. El pensamiento de Cervantes. 2ª ed.
Barcelona: Crítica, 1987.
Cervantes Saavedra, Miguel
de. La gitanilla. El amante liberal.
Ed. Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas. Madrid: Alianza, 1996.
--. Don Quijote de la Mancha. Ed. Francisco Rico. Madrid: Punto de Lectura, 2007.
Redondo, Augustín. “Nuevas consideraciones sobre el episodio de Andrés en el Quijote (I, 4 y I, 31).” Nueva Revista de Filología Hispánica. T. XXXVIII (1990). 857-73.

