Sancho y Lorenzo: una aproximación al estudio del paralelismo entre Cervantes y
Cadalso
Hiroki TOMITA
Es bien conocida la influencia del príncipe de los ingenios en los
escritos de José de Cadalso (Ramírez Araujo; Pérez Magallón 159-60), quien abre
el primer párrafo de su obra maestra, las Cartas
marruecas, con el nombre de Miguel de Cervantes (Cadalso 2008, 81). En la
Carta LXI, Gazel, joven marroquí en España, escribe a su maestro: “En esta
nación hay un libro muy aplaudido por todas las demás” (Cadalso 2008, 305).
Sin embargo, las Cartas marruecas, donde el juego de la
autoridad ficticia se reitera por el autor gaditano (Tomita 156-58), no es el
único ejemplo de influencia cervantina. En otro texto, posiblemente el más
temprano de Cadalso[1],
también podemos encontrar la referencia al Quijote.
Nos referimos a la Defensa de la nación
española contra la Carta persiana LXXVIII de Montesquieu[2].
Este texto nos permite pensar que es posible encontrar las huellas del autor
del Quijote a lo largo de toda la
creación literaria de Cadalso (de la Defensa
hasta las Cartas), incluso en una
obra tan distanciada del humor del Quijote.
El objetivo de las siguentes líneas es observar el paralelismo entre
la producción literaria de Cervantes y Cadalso en una obra de éste último: las Noches lúgubres. Esta obra, primer poema
español en prosa según Sebold (Cadalso 2000, 98), es definida por su propio
autor como “Diálogo” (Cadalso 2008, 427). La obra se centra en las
conversaciones de Tediato con los demás personajes, sobre todo con su cómplice,
Lorenzo. A su vez, el diálogo es una característica muy destacada del Quijote pues la obra es fecunda en
conversaciones entre el hidalgo loco y su escudero, hasta el extremo de confesar
el protagonista que “en cuantos libros de caballerías he leído, que son
infinitos, jamás he hallado que ningún escudero hablase tanto con su señor como
tú con el tuyo” (Cervantes 186).
En la obra de Cadalso, según el cálculo de Sebold (Cadalso 2000, 99),
77,15 por ciento de las palabras son del protagonista, y la cifra va en aumento
durante cada una de las tres noches (primera 72,42; segunda 79,34; tercera
89,76). Este dato puede mostrar, por un lado, el carácter monológico de las Noches. Sin embargo, si prestamos
atención al contenido de cada acto, especialmente a la primera y última noche,
sabremos que la relación entre Tediato y Lorenzo cambia gradualmente. Es aquí
dónde podemos encontrar el paralelismo entre Cervantes y Cadalso[3], en
Sancho y Lorenzo.
Tanto Sancho como Lorenzo siguen a sus amos por la
promesa de una recompensa (una ínsula, dinero) aunque en realidad no comparten el
punto de vista de sus desorientados señores. En el Quijote hay muchos casos donde don Quijote se queja de la
ignorancia de Sancho de la caballería andante (la que él aprendió de sus lecturas)
mientras Tediato corrige las ideas de Lorenzo sobre fantasmas (sombras propias
proyectadas en la pared del templo), autoridades cortesanas, riquezas, fragilidad
humana, etc. Finalmente, expresa al sepulturero: “Tú sabrás cómo son los
muertos, pues son el objeto de tu trato... Yo sé lo que son los vivos...”
(Cadalso 2008, 440).
Un interesante fenómeno del Quijote es el aumento de la importancia de Sancho Panza. El humor del escudero y su repertorio
de refranes le dan un gran relieve a lo largo de la historia hasta asumir un
papel protagonista en la segunda parte de esta novela[4]. Algo
similar podemos observar en las Noches
lúgubres, aunque de manera muy diferente. Tediato siente que él es el único
ser infeliz en el mundo, pero al final de la segunda noche repara en la
situación miserable de la familia del sepulturero, y pasa a reconocerle como
amigo. El elemento que nos interesa es que Lorenzo aparece como un hombre mucho
más triste e infeliz que Tediato. En la tercera noche, Tediato pide la guardia
celestial al sepulturero pero el estilo de la respuesta de Lorenzo es muy
parecido a las quejas de Tediato oídas en las noches anteriores:
¿Para qué? ¿Para pasar cincuenta años de vida como
la que he pasado, lleno de infortunios; y cuando apenas tengo fuerzas para
ganar un triste alimento... hallarme con tantas nuevas desgracias en mi mísera
familia, expuesta toda a morir con su padre en la más espantosa infelicidad?
Amigo, si para eso deseas que me guarde el cielo, ¡ah!, pídele que me destruya.
(Cadalso 2008, 465-66)
Finalmente, en la tercera noche, Lorenzo ocupa el lugar del ser más desgraciado del
mundo sustituyendo a Tediato, como lo hizo Sancho en la segunda parte del Quijote (¿podríamos llamarlo una
“tediatización?”)[5].
Hasta aquí hemos observado las siguientes similitudes en Sancho y
Lorenzo: ambos trabajan por la promesa de una recompensa; sus amos corrigen continuamente
sus ideas, y finalmente, asumen el lugar de sus amos en la creación literaria (son
la locura o las miserias). Estos paralelismos no demuestran que en el momento
de la composición de las Noches lúgubres
Cadalso tuviese en cuenta la obra de Cervantes, sino que en las obras
posteriores, la influencia cervantina en la construcción ficcional articulada
en torno a la conversación de dos figuras centrales (diálogo) puede ser un interesante
tema de estudio.
Referencias:
Cadalso, José de. Defensa de la
nación española contra la Carta persiana LXXVIII de Montesquieu. Ed. Guy Mercadier. Toulouse: Université de
Toulouse, 1970.
--. Cartas marruecas. Noches
lúgubres. Ed. Russell P. Sebold. Madrid: Cátedra, 2000.
Cervantes, Miguel de. Don
Quijote de la Mancha. Ed. Francisco Rico. Madrid: Punto de lectura, 2007.
Pérez Magallón, Jesús. "Epistolaridad y novela: Afán de Ribera y
Cadalso." Anales de la Literatura
Española. Núm. XI (1995). 155-72.
Ramírez Araujo, Alejandro. "El cervantismo de Cadalso." Romanic Review. T. XLIII (1952).
256-265.
Tomita, Hiroki. “Sobre la ambigüedad del sexo de “la amada” en las Noches lúgubres de José de Cadalso.” Hispánica. T. XLVII (2003). 150-67.
[1]Según Guy Mercadier, editor del texto, "el
manuscrito editado aquí [Defensa...]
podría haber sido redactado entre fines de 1768 y principios de 1771, antes de
que cumpliera el autor treinta años, lo cual explicaría a la alusión a su
juventud. Admito, por supuesto, que él pudiera planear, e incluso empezar a
escribir fragmentos de
la Defensa
antes de 1768,
pocos años quizá después de su regreso de París, en 1758" (Cadalso 1970,
XI-X).
El único
libro bueno que tienen [los españoles] es el que ridiculiza a todos los otros
[texto de Montesquieu].
NOTA 24ª.
Sin duda
habla de la obra de Cervantes contra la andante caballería. Pero aquí también
mostró Montesquieu que no era infalible. El D. Quijote no ridiculiza todos
nuestros autores, sino los de caballería y algunos poetas. (Cadalso 1970, 31)
[3]Podemos observar como característica común
entre los protagonistas de estas obras, la delirante mirada del hidalgo
manchego al mundo:
--¿Qué gigantes? –dijo Sancho
Panza.
--Aquellos que allí ves
–respondió su amo--, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi
dos leguas. (Cervantes 75)
Por
su parte, el fastidio universal de Tediato le presenta el mundo como un aparato
teatral para completar su desesperación:
¡Qué noche! La oscuridad, el
silencio pavoroso interrumpido por los lamentos que se oyen en la vecina
cárcel, completan la tristeza de mi corazón. (Cadalso 2008, 427)
[4] Por supuesto Sancho es también muy
importante en la primera parte. Al principio de la segunda parte, podemos
confirmarlo por las palabras de Sansón Carrasco:
--Mala me la dé Dios, Sancho –respondió el
bachiller--, si no sois vos la segunda persona de la historia, y que hay tal
que precia más oíros hablar a vos [...]. (Cervantes 570)
[5]En el mismo
momento de la muerte de don Quijote, Sancho invita al amo librado de su locura
a una nueva aventura (Cervantes 1102-03).